miércoles, 2 de mayo de 2012

El viernes hará dos meses que estoy en Buenos Aires. Se pasa el tiempo volando cuando hay tanto que hacer. Tardé en escribir porque la rutina me tiene absorbido y cansado, pero encantado. Cansado sobretodo este feriado (puente) en el que me han tocado dos turnos de 7 horas, en los que somos menos personal y por tanto mayor faena. Y también ha habido tiempo para salir a correr (13'5 km nada menos) y hacer un asadito de rigor que empieza a estar controlado, y son momentos que disfrutamos mucho: Empezar con las brasas a las 19:30 que les cuesta una hora para que haya una cantidad bien, y luego la carne que debe estar otra hora haciéndose al calor de las brasas. Pero ese momento con una picadita y unas cervezas es una maravilla. Y luego la carne apenas si dura 20 minutos.
Una cosa con la que sí estoy en desacuerdo es la forma que tienen de trabajar en el centro con los chicos. Supongo que todos lo entenderéis pero aquellos que tratan el tema y lean estas líneas quizá se den más cuenta de mi indignación (o quizá sepan decirme si no debiera estarlo y es totalmente correcto lo que acá se hace, pero creo que no será el caso). Me explicaré:
La forma que tienen de trabajar en Argentina, por todos es sabido, es psicoanalítica. Desarrollada por Sigmund Freud esta corriente recurre a técnicas como la asociación libre, el análisis de los sueños y su interpretación, la libre charla del paciente sin que el paciente aporte para no desvirtuar,... todo con el fin de hallar el trauma relacionado con un hecho acontecido en la niñez para sacarlo del subconsciente y así aliviar o eliminar el síntoma. Estas terapias tienen una duración de meses o años. Pues bien, ésta es la corriente que también se usa en los centros especiales con trastornos y patologías más graves (muchas de ellas biológicas, que ya sólo con eso me dirá usted qué tendrá que ver analizar el trauma en la niñez de estos chicos). Según los directores del centro la cuestión acá es llevar actividades para que los chicos las desarrollen, explicándoselas y dejando que ellos hagan según les nazca (libre expresión de la persona) para que sean ellos mismos y así poder interpretar (asociar) -todo junto con la medicación oportuna lo cual es necesario, obviamente-. Yo (y algunos de los compañeros del centro -la mayoría con los que he hablado-) creemos que estos chicos lo que necesitan son pautas, psicomotricidad a gran nivel y a nivel fino (del cuerpo el primer caso y el manejo de los dedos y muñecas en el segundo). Darse cuenta de las expresiones y su significado, las consecuencias de sus actos,... pero según los directores esto es entrenamiento, como si fuesen animales domesticados, que quizá aporte algo pero que el psicoanálisis, aunque sea más lento, traerá mejores resultados.
Obviamente no seré yo quien les diga cómo llevar la institución y, aunque no esté de acuerdo, seguiré cumpliendo con su proyecto que para eso está y para eso pagan, pero me da lástima que algunos de ellos se queden estancados por no recibir la educación que necesitan debido a la adoración -en muchas ocasiones el amor a Freud raya lo religioso- a esta corriente.
Yo juego con ellos, conecto, creo vínculo, les acompaño y les doy cariño, aunque alguno pobre nos ponga de los nervios a todos o aunque a veces me venga calentito para casa, como ha sido hoy que, justamente mi angelito me ha dado un par de palos que ni Mike Tyson (palos que he corregido, obviamente -pero sin que me vean, jijijiji-). Son chicos enfermos y es lo primero que necesitan. Algunos de ellos no ven a sus familias en semanas o meses, y todo suma.
Sólo por ellos, vale la pena tragarse a Freud.

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