jueves, 29 de marzo de 2012

Un paseito

Hoy he salido dispuesto a ir a anotarme a un viaje organizado, he mirado la dirección y el número de colectivo que debía tomar. Casi llegando a donde se suponía que debía estar la parada... no la he encontrado. Es más, me he dado cuenta de que no recordaba el nombre del lugar al que me dirigía ni la dirección. En ese momento me he sentido algo abrumado. Pensando y mirando a mi alrededor he visto la solución más obvia para la situación. Hoy de nuevo hace calor, y una tarrina de helado de chocolate siempre sienta bien. Además hacía bastante tiempo que no tomaba helado. Cuando he saboreado la primera cucharada me he sentido mucho mejor. Fresco, dulce, rebueno,... y he empezado a andar hacia donde mi sentido de la orientación me indicaba que debía encontrarse mi destino.
He tomado la calle serrano, una calle como cualquiera de las que se encuentran por acá. Ancha. Coches aparcados a ambos lados y aún así pasan dos circulando. Unidireccional. fresca por la sombra de los árboles plantados a ambos lados, en las aceras. Árboles de muchos tipos: pinos, chopos, sauces,... Los edificios son generalmente grises, negros, granas,... y de vez en cuando alguno amarillo destaca. Las alturas son bien variables.
Así, con el frescor de la sombra, el ánimo de la gente, y el sabor grandioso de mi helado he ido paseando por una calle más de Buenos Aires... hasta que ha dejado de serlo.
Un casa azul claro situada al final de la cuadra rompía la armonía y monotonía. De pronto el espacio se abría y una terraza concurrida era la entrada a una plaza viva, con mucho movimiento, mucho color. La plaza Serrano. Un lugar ovalado lleno de tiendecitas de ropa, cafeterías, restaurantes,... como digo, las terrazas llenas de gente disfrutando del sol y charlando animadamente. En el centro un espacio liso rodeado de una suerte de banco continuo que lo cierra, y los árboles que forman parte de la ciudad. Una chica colgaba unos cuadros de arte moderno con su rúbrica al ritmo de los acordes de un guitarrista que ponía la banda sonora al lugar. Y mi helado ha sabido mejor.
Siguiendo por la calle Jorge Luís Borges, mis ojos no dejaban escapar ningún detalle. La calle era parecida a las que siempre he visto, pero tenía un encanto diferente: Coches, autobuses y una masa de gente aguardando en la puerta de un colegio a que los peques salgan. Vendedores en la calle ofreciendo flores, pañuelos de colores, y otras cosas a los transeúntes. Y sin darme cuenta he llegado a una calle que me ha refrescado la memoria. Ahçi es donde me dirigía. llevaba andadas once cuadras sin darme cuenta. He ido a la agencia y me he apuntado al viaje que en semana santa haremos a Iguazú (esto será otra historia).
Así que aún quedan rincones por descubrir. Y no son los famosos, los típicos, o los que se escuchan en canciones de gente que probablemente no haya visitado la ciudad. Como dicen mis padres, la mejor forma de conocer un lugar es andarlo. Y así voy descubriendo y conociendo poco a poco la Capital Federal.

4 comentarios:

  1. :) Este post me ha gustado mucho! Es muy tu todo lo q cuentas, perderte, comer helado porque sí, andar y fijarte en cada detalle... Me alegra ver que la Capital Federal te va regalando cosas nuevas. Un besito!!!

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    1. Aquí algunas fotos del sitio para que te hagas una idea
      http://blog.travelpod.com/travel-photo/elisabeth_sa/1/1260914330/palermo-vijo-plaza-serrano.jpg/tpod.html

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  2. Al!! Me está encantando leerte! Me alegra saber lo que vas descubriendo cada día y que lo compartas con nosotros. Un beso enorme! Disfruta!

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