lunes, 9 de abril de 2012

Viaje al paraíso

Por fin de vuelta de un viaje obligado si se está por Argentina, el parque de Iguazú. Sus cataratas son patrimonio de la humanidad y... pero bueno, voy por orden. Un bus-cama, autobús cuya cabina se asemeja ala de un avión, asientos más cómodos, espaciosos, mantita, almohada,... tardaría 13 horas en llevarnos a nuestro primer destino, las ruinas de san Ignacio, un poblado jesuita que conserva parte de su estructura y se puede ver bastante bien cómo se organizaban, cómo vivían tanto los sacerdotes, como los ciudadanos y esclavos. La plaza principal estaba regida por una capilla que en su origen tenía doce metros de altura y de la que ahora queda sólo la puerta de 9 metros de altura, y ya impresiona. Alrededor de ésta plaza se situaban algunas casas y talleres. Y a ambos lados un par de espacios más. Uno de ellos accesible por la capilla y por la misma plaza central, eran las viviendas de los sacerdotes. Estancias de unos 20 metros cuadrados adosadas alrededor de un patio siempre. Al otro lado, según se miraba a la puerta a la derecha, se extendían estancias más pequeñas y con unas columnas frente a ellas, último recuerdo del pórtico que había. A medida que nos alejábamos de la plaza las casas eran más pequeñas. Ahí vivían los esclavos.
Éste día coincidía con mi cumpleaños y bien que por la noche lo celebramos, sin abusar que a la mañana siguiente nos levantábamos a las 7 para salir hacia el parque de Iguazú, momento central de nuestro viaje. Lo malo es que era el día más popular. Normalmente visitan el parque unas 3.000 personas. Ese día había 10.000. En verano hace demasiado calor para visitarlas, y el invierno es fresco y no apetece mojar. La semana santa son las fechas ideales, y aún así pasamos mucho calor.  Al llegar unos camiones 4x4 nos llevaron a través de la selva mientras nos explicaban particularidades de aquella selva en concreto, su fauna, su tamaño, el porqué de su tamaño, su flora,... todo a través de una densa selva por la que avanzar sería casi imposible sin un sendera abierto, la maleza se cierra por todas partes. Con los camiones llegamos a la parte baja del río, nos esperaban unos gomones (embarcaciones tipo lanchas) que remontarían río arriba hasta la base misma de unas de las cataratas, y cuando digo la misma base es tal cual ya que nos mojamos de lo lindo (íbamos avisados obviamente). Con esto llegamos a la comida y vimos unos graciosos animales, los coatíes, que movían la nariz como si fuesen cerditos, y que venían a llevarse lo que pudieran o lo que les dieran. los monos capuchinos, que también suelen aparecer, ese día estaban tímidos, quizá por la cantidad de gente en el parque.
Ya en la tarde visitamos la garganta del diablo. No tengo palabras para describir esta caída de agua de 80 metros de altura a un barranco que se extiende casi hasta donde alcanza la vista. Barranco cuyas paredes son una Argentina y la otra Brasil.
Un trenecito ecológico, en el que había que hacer una cola de casi una hora, nos llevó a este lugar y para volver decidimos ir andando. y así acabamos el día.
Llegamos al hostel en Puerto Iguazú para asearnos. Éste pueblo está formado básicamente por casas tipo chalet, en madera o en ladrillo, y en ambos casos unos se encuentra casas preciosas y verdaderas miserias. El centro tiene edificios adosados como estamos acostumbrados a ver, pero la mayoría de una única planta, a no ser que sea un hostel o alguna otra excepción.
La cena era tipo buffet. Hacíamos una fila, tomábamos el plato y nos... todo el mundo sabe lo que es un buffet. En el hostel teníamos pileta, ping-pong y billar. No nos dejamos nada por jugar.
Tras el descanso de nuevo amanecíamos a las 7 am. Desayuno también tipo buffet, igual que el día anterior: cereales, pan (si se le puede llamar así porque el de Argentina en general deja mucho que desear), mantequilla, mermelada, leche, café, zumo, fruta y huevos duros. Los huevos, el pan y la fruta nos iba bien para cargar las mochilas y llevárnoslos. este día íbamos a hacer rápel y tirolina a otra parte de la selva. Se me hizo corto. Los 20 metros de rápel los salvé en tres saltos y los 400 metros de tirolina eran divertidos pero pasaban rápido.
Llegamos pronto al hostel y, tras comer y descansar, fuimos a la pileta (piscina) a refrescarnos. Lo cierto es que nos ha hecho mucho calor y llevamos las marcas de las camisetas y relojes. Por la noche de aquel sábado la cena en el hostel era asado, como no. Y luego un show brasileño con el que nos reímos bastante. Y después la fiesta de despedda, pues el domingo saldríamos hacia buenos aires a las 12 del mediodía, llegando a la capital a las 6 de la mañana y seguir con la rutina. 

1 comentario:

  1. Que guay al! he buscado fotos de la garganta de diablo y si que debe de impresionar... esas cosas por aqui no se ven... jejeje Supongo que sera un cumpleaños que recordaras toda tu vida...ya te digo!
    Cuelga mas fotos que quiero ver todo lo que cuentas y esa marca cangrejo que aqui tb hemos cogido un poco...
    Un besazo!!!

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